Jarmusch, nada aparente

Paterson (2016)

Sucede algo gracioso cada vez que recomiendo Paterson (2016) a alguien no familiarizado con el cine de Jim Jarmusch, me preguntan: “oh, ¿de qué va?”, contesto “pues de un tipo que conduce un bus y escribe poemas”. Se extrañan y luego contestan “¿y qué más?”, pues nada más. Porque la base de su cine se centra en eso mismo, la nada.

Desde su estructura Paterson ya avanza que no va a tener un conflicto o desarrollo argumental dramático, se muestra el día a día de Paterson a lo largo de una semana. En la forma también se mantiene esa idea, la mayoría de la acción se muestra con los mismos y exactos encuadres día tras día. Se despierta, desayuna, va a trabajar, escribe antes de ponerse a conducir, conduce…

Paterson (2016)

Así, durante el transcurso de la película parece que Paterson (Adam Driver) se pasea por una serie de lugares en los que nos descubre personajes que parecen atrapados, encasillados en la cotidianeidad. Paterson en cambio está satisfecho con su día a día, hasta que (spoiler de la película) su perro le destroza su poemario y parece caer en el vacío. En falsa apariencia, esto parece un mensaje pesimista, pero Jarmusch le da la vuelta a partir de la conversación con el poeta japonés. ¿Era William Carlos Williams un doctor o un poeta?

Paterson (2016)

Con el regalo de una nueva libreta en blanco, se presenta una nueva oportunidad de que Paterson se exprese otra vez, volver a contemplar su día a día valorando las pequeñas cosas y, transformándolas en poemas,  volver a ser poeta. Entonces, recordamos a aquellos personajes que parecían estancados y nos damos cuenta de que no es así, que sólo quieren vivir cada día disfrutando de las pequeñas cosas, que al fin y al cabo son las más importantes.

Como sociedad parecemos tener esta obsesión de que “has de ser alguien importante en esta vida”, que nuestra mayor meta como personas es dejar un nombre grabado en la memoria histórica, que nuestra foto se cuelgue en la pared de un bar. Paterson nos recuerda esos momentos mágicos que a veces no logramos valorar: contemplar una cascada, escuchar curiosas conversaciones ajenas, mirar el fondo de una jarra de cerveza…

Paterson (2016)

No hay una razón dramática más allá de mostrar la rutina, lo cotidiano. Jarmusch lo afirma así: “Paterson es una historia intencionalmente liviana… No es dramática, no es deslumbrante… Es una simplificación de las cosas que esperamos. Nos complació celebrar esa verdad… Hay una engañosa sofisticación en la simplicidad”.*

Probablemente esa engañosa sofisticación de la simplicidad sea la mejor forma de definir la forma cinematográfica de Jarmusch. Parte de un planteamiento o trama inicial para irse separando de ella durante el transcurso del film y dar paso a lo fundamental de su obra: las situaciones, los momentos, la nada argumental.

Vemos, por ejemplo, como en Flores Rotas (Broken Flowers, 2005) partimos de la premisa de un hombre que busca a su hijo al que nunca ha conocido. Al principio el personaje se niega a realizar esa búsqueda, es su vecino quién le acaba medio obligando. Sin embargo, a medida que avanza la película la cuestión del hijo va perdiendo importancia, y lo que realmente cobra fuerza son los reencuentros con las antiguas amantes del protagonista.

Flores rotas (2005)

En Bajo el peso de la ley (Down By Law, 1986) nos encontramos con 3 desconocidos que acaban juntos en la cárcel, dejando en segundo lugar la razón por la que han terminado allí. Más adelante vemos que planean escapar, sin embargo, la secuencia de huida que sería el clímax dramático en la historia según las bases más tradicionales, se nos omite por elipsis.

En ocasiones incluso, deja más de lado esa premisa, como en Extraños en el paraíso (Stranger Than Paradise, 1984) su segunda película. La trama arranca con tres jóvenes que no tienen nada que hacer con sus vidas y deciden viajar a Florida. A partir de ahí la película se compone de una serie de situaciones, no siempre conectadas entre ellas, que los personajes viven a través del viaje.

Esta austeridad argumental la lleva a la máxima expresión en obras como Noche en la tierra (Night On Earth, 1991), y más tarde en Coffee and Cigarettes (2003); que se estructuran en episodios que no tienen ninguna relación entre sí, desarrollados en ciudades y/o espacios diversos, y personajes distintos en cada uno de ellos. En Noche en la tierra, cada episodio contiene una historia diferente, incluso desarrolla un tema nuevo en cada uno de ellos; o a veces parece ser simplemente una conversación esporádica como sucede en Coffee and Cigarettes.

Noche en la tierra (1991)

Así pues, queda claro que a Jarmusch no le interesan los desarrollos argumentales, las grandes historias o los conflictos extraordinarios. Su cine se compone de trozos, de situaciones más bien ordinarias, en las cuales aparecen una serie de personajes anónimos. Se puede considerar que es más cercano a pequeños fragmentos de vida, siempre pasados por el filtro de la ficción. Llegamos a sentir y conocer a cada uno de los personajes a través de las interacciones con su espacio, su vida, su pequeño mundo. En definitiva, expresarnos mil sentimientos e ideas sin decirnos absolutamente nada.

*1: Fragmento extraído de la Entrevista a Jim Jarmusch en Caimán Cuadernos De Cine, Diciembre 2016, página 7.

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