Patricio Guzmán: contra la cultura del olvido

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El cineasta chileno fue -junto a su equipo de cámaras- un testigo directo del milagro que supuso el gobierno de Salvador Allende y el fenómeno que le envolvió en su experimento, sin antecedentes a los que coger como referentes, y de cómo la oposición le hizo la gobernabilidad imposible hasta terminar orquestando un golpe de Estado contra el mismo. Todo ello lo documentó en su poderosa  trilogía de La batalla de Chile de imprescindible visionado, y en su otro maravilloso y emotivo filme de Salvador Allende.
Más de cuatro décadas más tarde, las secuelas de los acontecimientos y sus consecuencias siguen presentes en el fuero interno de Patricio Guzmán, que se niega a olvidar. Y sigue siendo una de las voces reivindicativas más importantes y necesarias para con el conflicto chileno tras la dictadura militar de Pinochet.

La batalla de Chile

Durante 17 años, Pinochet asesinó a miles de prisioneros políticos. Para evitar que los encontraran en el desierto de Atacama -dónde estaban enterrados la mayoría- desenterró los cuerpos y los volvió a enterrar dónde nadie pudiera encontrarlos, o hizo que los lanzaran al mar, atados a pesos pesados para que se hundieran en las profundidades. En sus dos últimas películas, Nostalgia de la luz y El botón de nácar, trata precisamente dicho tema, abordando ambos espacios: el desierto y el mar, siempre con el cosmos como elemento de interrelación.

Nostalgia de la luz

En Nostalgia de la luz, Patricio Guzmán afronta con mucha sensibilidad el tema de la memoria, hilvanando un relato poético que interrelaciona la astrología y la memoria histórica con un espacio en común: el desierto de Atacama. Se da el caso de que precisamente dicho desierto es uno de los lugares más idílicos para la astronomía, y que se instalaron por ende allí los telescopios más grandes del mundo. Y por paradojas de la vida, durante la búsqueda incansable por parte de las mujeres que llevan años buscando en la basta materia del desierto los restos humanos de sus familiares asesinados, los astrónomos detectaron que la materia que compone la Tierra es la misma del cosmos. Los astrónomos, a través de la luz, contemplan el pasado emitido hace millones de años; mientras a pocos kilómetros de distancia, estas pobres mujeres siguen buscando con ímpetu los restos de sus familiares, y cuya luz se apagó de forma forzosa.

Patricio Guzmán es un notorio luchador de la memoria histórica, que lucha para que no se olvide el trauma del pasado del que pocos hablan. Y es que en Chile, al igual que nos pasa en España, mucha gente recurre al típico “Ay, olvidadlo ya, que ya ha pasado mucho tiempo”, cuando surge el tema de las personas desaparecidas durante las dictaduras. Culpa de ello, tiene mayoritariamente la nefasta transición a la democracia que hubo en ambos casos, intentando promover el olvido para tirar hacia adelante. Pero así es imposible construir una sociedad. No entienden, que los familiares nunca hallarán la paz hasta encontrar los restos de sus seres queridos, pues es algo antropológico el querer saber dónde están los restos, y dichas heridas incluso se heredan.

Nostalgia de la luz

Una breve escena del film, logra con mucha sensibilidad resumir en una frase la esencia de la película:

“Miguel y su esposa son para mi cómo una metáfora de Chile: él es el recuerdo, la memoria, mientras que Anita, es el olvido, debido al alzhéimer.”

El botón de nácar por su parte, mantiene también una relación con el cosmos, y con imágenes bellas –que pueden evocar, por mencionar a alguien, el estilo de Malick-, logra tejer un discurso similar, ésta vez asociado al mar y a los desaparecidos que arrojaron al mismo con la intención de que no fueran encontrados jamás; todo ello narrado de una forma muy poética que logra llegar al alma y concienciar. La narración del propio Guzmán, es la encargada de ir guiando el discurso por dónde él quiere, llegando a hipnotizar al espectador gracias a las bellas imágenes que construye, a pesar de todo el dolor implícito que hay detrás de las mismas. Sacando a la luz muchas historias desconocidas para la gran mayoría, muy escalofriantes, de denuncia necesaria. Por suerte, algunos no olvidan, y combaten la cultura del olvido y manipulación histórica del fascismo.

Patricio Guzmán es para mí, un cineasta de referencia, cuya labor cinematográfica es de un valor histórico inconmensurable, y un claro ejemplo a seguir.

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