El cine y el ajedrez: Odisea en el arte

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El ajedrez y su elegancia han estado siempre muy presentes en el ámbito cultural y artístico, y han influenciado a muchos intelectuales y artistas en sus creaciones. En la literatura, tenemos entre muchos ejemplos el de Stefan Zweig y su Schachnovelle (Novela de ajedrez), o en la pintura, hay una gran cantidad de artistas que se acercaron al ajedrez y lo añadieron a su obra de distintas formas; Max Ernst por ejemplo llegó a diseñarse su propio tablero y piezas de ajedrez. Destacable resulta especialmente Marcel Duchamp, un artista cabal en todo el sentido de la palabra, que intentó entender el ajedrez como un arte. Para la historia queda la imagen de él jugando con Eve Babitz desnuda en el Pasadena Museum en 1963, con su icono ‘Le grand verre’ detrás. «Si bien todos los artistas no son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas», decía Duchamp.

Duchamp nos sirve precisamente de hilo conductor para llegar al tema principal del artículo, la relación del ajedrez y el cine. En una de las escenas de Entr’acte, película fundacional del surrealismo, filmada por René Clair en 1924, tenemos una escena protagonizada por Marcel Duchamp y Man Ray, jugando una partida de ajedrez en una azotea de París. El viento va despeinando a Duchamp, mientras ataca con su caballo a Ray. La partida es interrumpida por un cubo de agua lanzado sobre el tablero por Francis Picabia. Las vanguardias llegaban al cine, para darle al séptimo arte -todavía muy joven-, un empujón hacia a la experimentación. Todavía no había llegado el sonido.

Un año más tarde, en el 1925, aparecía en la URSS un cortometraje con el ajedrez como absoluto protagonista: La fiebre del ajedrez, de Vsevolod Pudovkin y Nikolai Shpikovsky, una sátira sobre la obsesión que estaba provocando el ajedrez en la Unión Soviética en aquella época, coincidiendo con el Torneo Internacional de Ajedrez. La pieza fílmica, también muda, cuenta con la aparición del propio José Raúl Capablanca en el mismo, campeón del mundo en aquel entonces. El cortometraje, de marcado estilo soviético, tiene un montaje acelerado y un gran magnetismo visual gracias a su ritmo, aunque a su vez parece tener una clara influencia humorística de Chaplin. Resulta destacable una escena en la que aparece el joven protagonista jugando contra sí mismo una partida de ajedrez, ocupando ambos lados de la mesa. Quizás reciclaron de aquí la idea los de Pixar, en su conocido cortometraje de animación de Geri’s Game (1997), donde un anciano juega consigo mismo.

Espero que el lector me permita una pequeña divagación, dado que yo también me inspiré para un cortometraje que realicé, en esta idea de alguien jugando contra sí mismo (como también hace a su vez el protagonista de la novela de Stefan Zweig antes citada). La presencia en el cine de tableros de ajedrez, con posiciones o partidas en juego, aunque no es algo muy frecuente sí que ha contado con numerosas apariciones o muestras. El problema es la falta de rigurosidad ajedrecística en la gran mayoría de ellas. Como ajedrecista y cineasta, sabiendo de la gran labor que hay detrás de una película y el gran equipo humano que comprende un rodaje, no acabo de comprender cómo cientos de directores han puesto posiciones incongruentes y sin sentido alguno en sus películas, y a veces incluso con movimientos de piezas ilegales, sin molestarse en pedir asesoramiento a alguien con unos conocimientos mínimos. Incluso películas donde el ajedrez es el protagonista, al tratarse de filmes sobre conocidos jugadores de ajedrez, hay errores ajedrecísticos donde la gravedad del asunto es ya imperdonable.

Aunque una de las grandes películas de Ingmar Bergman, El séptimo sello se acerca a esta situación al mostrar una posición de ajedrez algo inverosímil, en su caso la belleza del tablero de ajedrez que crearon para la ocasión –vendido por sus descendientes en una subasta por 100.000 euros-, y la gran idea de enfrentar al protagonista con la Muerte en una partida de ajedrez, como vehículo para representar el existencialismo, y la incesante búsqueda del hombre por encontrarle sentido a la vida, hacen que dicha observación ajedrecística se pueda aceptar como una licencia poética y artística en este caso concreto, pues estamos ante una obra maestra del séptimo arte.

Aunque pueda sorprender, una de las películas que se tomó más en serio esta rigurosidad ajedrecística que intento defender, fue una de las películas de James Bond, “Desde Rusia con amor” (1963), donde en una escena recrearon fílmicamente un torneo mundial bastante glamuroso de la época, y a su vez ajedrecísticamente una partida de Boris Spassky contra David Bronstein, mostrando el desenlace de esta preciosa partida. Es un detalle que seguramente solamente apreciamos el reducido grupo de personas que somos ajedrecistas y cinéfilos; pero se agradece mucho cuando se mima en una película también un pequeño aspecto como este.

Otro gran ejemplo para demostrar que se puede cuidar una rigurosidad ajedrecística, y mantener a su vez un interés e intensidad cinematográfica, es “El caso de Thomas Crown” (1968), donde Steve McQueen y Faye Dunaway juegan una partida de ajedrez repleta de insinuación, usando el ajedrez para un registro sensual y erótico, pero manteniendo en un segundo plano –aunque totalmente irrelevante a nivel narrativo- una coherencia ajedrecística en las posiciones que muestran, hasta que ella logra darle a él jaque mate, tras haber usado sus armas femeninas para desconcentrarle.

Decía Stanley Kubrick“El Ajedrez te enseña a controlar la excitación inicial que sientes cuando ves algo que parece bueno y te enseña a pensar objetivamente cuando te encuentras en problemas”.

Stanley Kubrick es probablemente el cineasta más influenciado por la esencia del ajedrez, en su forma de trabajar como Director de cine. Gran apasionado del ajedrez desde joven, interiorizó el autocontrol, la paciencia, la calma y el perfeccionismo del ajedrez, y los llevó al proceso creativo de sus películas. Incluso jugaba partidas en los descansos de sus rodajes.

En 1987, en una entrevista concedida a la revista Rolling Stone, Kubrick llegó a equiparar el ajedrez con el oficio de director de cine:

“En la construcción real de la película, la analogía del ajedrez llega a ser muy válida. Tiene que ver más con el ajedrez de torneo, en el que los jugadores tienen un reloj y hay que hacer un cierto número de movimientos en un tiempo determinado. Si no lo haces, pierdes incluso aunque lleves una dama por delante. Cuando observas a un gran maestro y ves que tiene tres minutos en el reloj para hacer tan sólo diez jugadas, y él invierte dos minutos en una única jugada, lo hace porque si no mueve perderá la partida. Pero luego, hace nueve jugadas en un minuto. Probablemente hizo lo correcto. En el cine, siempre tomas decisiones como esas. Siempre estás enfrentando el tiempo y los recursos contra la calidad y las ideas.”

Siempre en busca de la jugada perfecta, Kubrick le rindió homenaje al ajedrez en muchas ocasiones, tanto de forma directa como en “Atraco Perfecto” (1956) o “2001: Odisea en el espacio” (1968), o de forma indirecta, como en “Espartaco” (1960), donde colocó los ejércitos en bloques simulando un tablero de ajedrez. Merece especial atención la que es seguramente su obra magna, “2001: Odisea en el espacio”, en lo que refiere a la relación entre el ajedrez y el cine, a partir de una escena muy pequeña y al parecer insignificante, pero que condensa mucha información. Además, es visionaria: anticipa la llegada de los ordenadores para desbancar al ser humano en el ajedrez, como sucedería en 1997 en el segundo duelo entre Gary Kasparov y Deep Blue, siendo la máquina todavía un prototipo muy simple en comparación a las supercomputadoras actuales.

La escena en cuestión es la de la partida de ajedrez informático entre Frank Poole y HAL 9000. Poole ve el tablero en la pantalla y le dicta los movimientos a HAL de forma oral. Hoy en día esto ya nos parece algo normal, pero estaba lejos de serlo en aquel entonces. La partida mostrada en la escena, es una partida real entre Roesch y Schlage, en Hamburgo (1910).

Un par de jugadas más adelante, tras Dxa6, Axg2, Te1, HAL 9000 le dice a Poole que hay mate inevitable en dos jugadas, cuando en realidad las blancas pueden postergarlo un par de jugadas más. En otro director, esto podría parecer un error de guión. Pero estamos hablando de Kubrick, un perfeccionista y un amante del ajedrez.

Todo parece indicar, que es una primera pista que quiso dar Kubrick a los amantes del ajedrez, para descubrir o bien unos primeros indicios sobre el comienzo de los fallos de HAL, que desencadenará luego en su deriva loca/maligna a bordo del Discovery, o bien una pequeña pista sobre el conflicto interno que está sufriendo la máquina, poniendo a prueba al ser humano; dado que la respuesta de Poole ante el pronóstico erróneo de HAL es: “Ya, parece que tienes razón, sí señor”. Se trata de un movimiento de ajedrez sencillo y precalculado, de confusión imposible para una máquina o para un jugador de ajedrez profesional. Quizás HAL estaba probando qué tan adecuado era Frank Poole para llevar a cabo la misión. Una especie de examen que, evidentemente, el humano falla al no notar la trampa en el movimiento y aceptar el análisis de la computadora sin dudar.

En cualquier caso, se trata de una entre tantas genialidades por parte de Kubrick a lo largo de su filmografía, de forma muy sutil y a modo de delicatesen para los amantes del ajedrez y del cine. Y es por ello que es uno de los mejores ejemplos para mostrar lo que puede llegar a ser la relación entre el ajedrez y el cine.

El ajedrez ayuda a desarrollar la paciencia y la disciplina en la elección entre alternativas cuando una decisión impulsiva parece atractiva” decía Kubrick.

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