"La ceniza es el blanco más puro" de Jia Zhangke. El viaje de Quiao y la identidad china

china

Introducción

A inicios del siglo XX la piel de Occidente mutaba. El ser humano vio con sus propios ojos cómo el entorno natural sufría las mayores transformaciones en su historia en el menor tiempo posible. Mutilaron montañas para construir vías; envenenaron el cielo con el humo de las fábricas; tiñeron los ríos de negro carbón. Estas alteraciones terminarían afectando también a las personas. Y Jia Zhangke nos lo muestra claramente con su nueva película.

El tiempo cambia lo intangible

Edvard Munch completa una versión de El grito en 1910. En unas notas autobiográficas el artista escribió: “Iba paseando con dos amigos. El sol se ponía. El cielo se volvió de un rojo sangriento. Sentí un vahído de melancolía. Cansado, me apoyé en una barandilla. Sobre la ciudad y el fiordo azul no veía sino sangre y lenguas de fuego. Mis amigos seguían caminando. Yo continuaba detenido en el mismo lugar, solo, estremecido de ansiedad. Fue entonces cuando sentí el grito, extenso, infinito, de la naturaleza“.

Edvard Munch retrató una metáfora visual de la soledad del hombre en la sociedad moderna. Un alarido de la naturaleza —vinculada al humano puro—, al sentir el paso imparable de la maquinaria moderna, asfixiando el mundo tal y como lo conoce. Esta acción provoca un conflicto existencial en la persona que percibe dicho acto. Alejada de su realidad natural, pierde su identidad y se ve obligada a iniciar una travesía de supervivencia para encontrarla. Esta es la historia de Quiao, protagonista de la película.

Su director, Jia Zhangke, pertenece a la sexta generación de cineastas chinos. Surge de forma paralela a las protestas de la plaza de Tianmén de 1989. La generación agrupa jóvenes despiertos, dispuestos a denunciar la situación social china, que prestan más atención a la vida urbana contemporánea. La censura del Estado obligó a sus directores a rodar sus películas de manera clandestina. Se convirtió pues en un cine para minorías, con tomas largas, cámaras sujetadas a mano y sonido ambiente. La última cinta de Zhangke, poéticamente titulada como Jiang hu er nü (La ceniza es el blanco más puro, 2018) es presentada como un documental, solitario y antirromántico. Pese a no poseer la ornamentación de la quinta generación de directores, la cinta consigue trascender y desprende una elegancia exquisita.

La ceniza es el blanco más puro (2018)

China evoluciona junto a Quiao

El filme se divide en tres etapas: 2001, 2006 y 2018. China y Quiao están vinculadas. Las transformaciones que sufre el país reforman la vida de la protagonista de manera directa o indirecta. El Partido Comunista de China inició a finales de los años 80 y los 90 un seguido de reformas económicas que involucraba la privatización. Aumentó la riqueza y la desigualdad económica. La primera etapa de la película transcurre en la pequeña localidad de Datong, capital china del carbón. Como consecuencia del paso de china de una economía planificada a una de mercado, la ciudad sufre una crisis debido a la bajada de los precios de dicho mineral. La crisis menoscaba a sus habitantes. Y a Quiao no le importa.

Jia Zhangke nos lo hace saber a través del personaje del padre de la chica. Un minero furioso por las dificultades laborales producto de la crisis. En el momento en el que Quiao va a visitarle, descubre que su padre insta, a través de una radio, a los demás mineros a luchar. Finalmente logra que la apague: no hay nada que hacer contra el avance del Estado. Y es que a nivel familiar no necesita esforzarse: Quiao es la amada de un jefe de la mafia de la ciudad. La pareja vive entre lujos y fajos de billetes, al margen de cualquier crisis debido al mismo ecosistema económico que la propia banda controla. En un acto de compasión, Quiao entrega a su padre un fajo de estos billetes. La organización se rige por el honor Jianghu, término utilizado para describir a una subsociedad paralela a la sociedad principal.

Quiao vive en un mundo de hombres, criminal y arriesgado, pero apasionante. Bin, jefe de la pandilla, entrega todo el cariño que puede a su amada. En este momento Quiao se encuentra en una situación optimista y estable, varios escalones arriba de la pirámide de Maslow. Sus necesidades fisiológicas están cubiertas, se siente segura gracias a Bin y sus hombres, recibe amistad, afecto e intimidad en el apartado social y mantiene una identidad, una afiliación al formar parte del Jianghu. Pero pronto la espada de Damocles que pendía sobre la cabeza de Bin acabará por desplomarse. Durante la impactante escena que cambiaría el curso de la película, Quiao se sacrifica por Bin cuando éste es atacado por varios miembros de una banda rival. En un gesto de honor Jianghu, dispara en plena vía pública para ahuyentarlos y carga con el delito. Asume vivir encarcelada cuatro años en favor de Bin, el cual solamente recibe un año de prisión gracias a Quiao.

La ceniza es el blanco más puro (2018)

Un relato de cruda supervivencia

Año 2006. La construcción de la presa de las Tres Gargantas, situada entre la provincia de Hubei y Chongquing, cubre una etapa clave. Un área de 632 kilómetros anegada. Centenares de pueblos y ciudades que se verán cubiertos por las aguas, 1.500 grandes fábricas que cambiarán de emplazamiento y 16 yacimientos arqueológicos de gran valor que se inundarán. La gigantesca presa china obliga a buscar un nuevo alojamiento a más de un millón de personas. La segunda etapa del viaje de Quiao comienza. Tras terminar la condena por posesión ilegal de armas, en su regreso termina en la aldea de Fengjie. Todo lo que ella conocía o creía conocer ya no existe. Bin no le espera a la salida y los hombres ya no poseen honor. Quiao no tiene hogar, seguridad, relaciones sociales, afecto ni estima. El cuadro de Munch se hace vigente. Ha perdido su identidad en una China cambiada.

Nuestra protagonista no se rendirá tan fácilmente. Abandonada por todos y todo, inicia una pesquisa exhaustiva con el fin de encontrar a Bin. Anhela regresar a su antiguo estado de comodidad, aquello que le hacía sentir que era alguien. Será robada, vejada, decepcionada y, pese a todo, podrá levantarse y caminar. Ella sabe que no puede detenerse, pues su vida depende de ello. Los hombres con los que se encuentra por el camino ya no son de fiar, han abandonado sus valores. La cuerda que los diferenciaba de los animales —el honor— ha quebrado. Son ejemplos la escena en la que Quiao salva de un grupo de hombres a una mujer —que irónicamente había robado antes a la protagonista—; cuando un hombre intenta persuadir a Quiao para mantener relaciones sexuales forzadas con ella y finalmente la escena donde un señor la engaña para que viaje con él en tren hacia su hogar y poder así retenerla bajo su yugo. Estas vivencias exponen el carácter real de la protagonista, que sale a la luz en momentos difíciles, como las cenizas en una erupción volcánica. En esta segunda etapa el drama cubre el tema del filme. El humano es puro asolado por la fatalidad. Y por este hecho la ceniza es el blanco más puro.

Quiao logra encontrar a Bin pero éste la rechaza. Ya no es parte del Jianghu. Ha dejado la mafia y vive legalmente con su nueva mujer. No quiere regresar a su pasado. Esta escena representa un duro golpe para la protagonista, que en sus propias palabras no sabe quién es sin él. Tras un arduo ejercicio de resignación, Quiao se deshace de la búsqueda de Bin y comienza a buscarse a sí misma: alcanza la fase nihilista del león pues elimina su antiguo ser dependiente. Decidida a mantener su independencia, se dispone a construir un hogar y valores nuevos. Todo ello para poseer una nueva identidad, seguridad y círculo social, que harán de ella una suprahumana, con virtudes propias creadas desde cero.

La ceniza es el blanco más puro (2018)

Una China y Quiao renovadas

Año 2018. Las reformas han cambiado el panorama del país por completo. La tecnología recorre las calles de la antigua humilde ciudad de Datong. Instalan cámaras en cada rincón para mantener una vigilancia controlada. China tiene un nuevo aspecto y Quiao también. Cambiaron las tornas y ahora es ella quien lidera la antigua banda de Bin. Asume su gran responsabilidad con diligencia y los años de experiencia la hacen respetada. Logra transmitir el Jianghu entre sus hombres. A diferencia de Bin, Quiao sigue soltera: ha conseguido ser su propio eje. El leitmotiv del honor hace de motor para la protagonista.

Un día Bin, cansado de la vida y paralizado por un derrame cerebral, regresa a Datong para buscarla. Quiao ya no siente nada por él, pero en un acto de compasión y sentimentalismo acoge al antiguo gran amor de su vida. El hecho de ser un cobijado opaca la presencia de Bin, que sufre las consecuencias de permanecer en un segundo plano. Se siente humillado y más irrelevante que los hombres a los que antes daba órdenes. Su naturaleza no puede soportar vivir en una posición así y tras el efímero reencuentro, decide abandonar un mundo que ya no cuenta con él, pues Quiao se ha encargado de sustituir dicho puesto. El círculo se cierra de manera proporcionalmente inversa a como había comenzado: Quiao posee una identidad propia como jefa de la mafia. Ha recobrado su estabilidad y pureza. Bin, por lo contrario, ya no es miembro de la subsociedad del Jianghu, sino de la sociedad corriente. En la última escena, una cámara de seguridad enfoca a la protagonista absoluta de la película, la cual acaba de percatarse de la desaparición de Bin. Un final trágico para una Quiao que sufre, mancillada, dentro de una China oprimida por la modernidad, que ha cambiado para siempre. Historia digna de una reflexión elegíaca.

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