Nuestras películas del 2020

3793373

Ahora que el extraño 2020 está llegando a su fin, un número importante de colaboradores de Caméra-Stylo han escrito un texto sobre la película que más les ha llamado la atención de todas las estrenadas este año.

“Las niñas”,  Pilar Palomero

Este año se puede resumir en incertidumbre y confusión. Celia, la joven protagonista de esta maravillosa película, vive en cierta manera sensaciones similares. Las niñas cuenta una historia de descubrimiento, de búsqueda de respuestas, de intentar entender el mundo que nos rodea. Es el paso de la niñez a la adolescencia en un contexto muy concreto: la España de los 90. A eso hay que añadirle una educación católica y una familia formada sobre mentiras y secretos.

Realmente me he encontrado en muchos rincones de esta película. Ha sido de agradecer, ya que ha sido un año en el que me he sentido muy perdida. Preguntas e incomprensión constantes.

Es quizás la película del año que más me ha inspirado y la que más me ha atrapado. Me ha hecho recordar la belleza de la inocencia y lo importante que es disfrutarla a tiempo, e ir soltándola poco a poco… Es evidente que las condiciones de nuestros tiempos nos moldean y se ve reflejado claramente en este film. Es por ello, que ha sido prácticamente imposible no pensar en cómo las “niñas y niños” de este 2020 recordarán su infancia de aquí 20 años.

En este año lleno de angustia y dudas Las niñas un relato sutil y veraz, me ha permitido respirar por fin algo de aire fresco (Eso sí, como la vi en el cine, con mascarilla).

Estefania Ortiz

 

“La flor”, Mariano Llinás

La flor, a pesar de ser una película del 2018, solo ha podido verse en España en este 2020. Su visión es una experiencia apabullante. Empezando por su duración que alcanza las 14 horas y por la desbordante personalidad de su director que, en esta ocasión, ha dado un paso (o varios) más en referencia a su anterior proyecto Historias extraordinarias (2008) que a penas sobrepasaba las 4 horas. Ambas están marcadas por idéntico espíritu: el gusto por narrar; el gozo por el juego de fabular.

Mariano Llinás es un narrador de la estirpe de Sherezade. Sienta a su público en la silla y le invita a dejarse llevar por unas historias que se encadenan, se retuercen, se contraponen y se suspenden, mientras el narrador hace malabarismos y parece jugar con nosotros como lo hace con sus personajes.

Se me antoja Llinás un personaje pantagruélico que, con unas enormes tragaderas, es capaz de absorber y reciclar todo tipo de relatos para articularlos, posteriormente, a partir de un elemento clave y luminoso: la palabra. Una palabra a la que vemos desarrollarse, convocando imágenes y que por su puro encadenamiento es capaz de dar a luz todo un universo. Por esta razón, el tercero y mas largo de los seis episodios que componen La flor, y el que más sintoniza con su anterior Historias extraordinarias por el protagonismo de la palabra del narrador, me parece el momento álgido de esta obra, irregular y fascinante, en la que las cuatro actrices protagonistas van apareciendo y reapareciendo ocupando los diversos papeles en cada uno de los episodios.

Una película en la que uno siente recuperar la fascinación infantil por los relatos  gracias a esa palabra verbalizada, que no charla o cacareo con las que tantas veces nos contaminan las películas. Tal vez sea por eso que la visión del cine de Llinás me haya despertado una extraña y subterránea conexión con otro gran fabulador de la palabra convocadora de imágenes, en este caso de las pequeñas cosas de la cotidianidad, como es el cine de Eric Pauwels.

Pere Alberó

 

“Vida oculta”, Terrence Malick

Si tuviera que escoger el cineasta más relevante para mi de esta década que despedimos, sería sin lugar a dudas Terrence Malick, con “El árbol de la vida” (2011), “Voyage of time” (2016) y “Vida oculta” (2019). Un cineasta que se adentra en lo complejo y espiritual desde lo filosófico, a partir de un estilo formal y visual propio que ha influenciado a muchos, pero que ninguno practica con el acierto y profundidad del maestro.

Vida oculta es seguramente su película más narrativa en esta nueva etapa, y versa sobre un matrimonio feliz que vive con sus tres hijas en un pueblo de unas montañas austríacas, y que está a su vez en armonía con los vecinos del pueblo. Pero al estallar la Segunda Guerra Mundial, todos los habitantes se suman al movimiento nazi y lo respaldan -ya sea por convicción o por miedo-, pero Franz, el protagonista, no se deja arrastrar por la opinión mayoritaria. Se resiste a prestar juramento a Hitler y se convierte en el primer objetor de un mundo de ferviente nacionalismo y creciente ideología de odio. Malick aborda un tema complejo y repleto de subtextos, desde la aparente sencillez, pero sin abandonar la sublime belleza formal y la carga de profundidad que hay en realidad sobre el tema. Es una película que trasciende, si haces el esfuerzo de conectar con ella y entenderla en toda su dimensión, más allá de lo religioso -los que me conocen saben que soy ateo- sino desde la condición humana misma y la moral. En medio de un mundo cada vez más acelerado y con la extrema derecha en auge, Malick enseña al mundo a detenerse, contemplar y reflexionar, sobre la facilidad del ser humano de caer en el odio y sumarse a movimientos nacionalistas que terminan deveniendo en fascismo, de como las instituciones religiosas acaban haciendo el mal, de como se contagia la opinión colectiva y la dificultad de la disidencia en ciertos contextos cuando ya es demasiado tarde: mira al pasado para avisar en el presente. Malick practica el arte de la salvación, y complementa el gran apartado estético y visual con unos textos maravillosos que van construyendo el mundo interior del protagonista.

Recordar que está basado en un personaje real: Franz Jägerstätter no quiso jurar fidelidad al ‘Führer’. Tuvo el valor de ser el único habitante de su aldea en negarse a votar a favor de la anexión de Austria al Tercer Reich. En 2007, fue beatificado por Benedicto XVI. A la ceremonia asistieron su viuda, de 94 años, y sus cuatro hijas.

Rubén Seca

 

“The Trial of the Chicago 7”, Aaron Sorkin

The Trial of the Chicago 7  (El juicio de los 7 de Chicago, 2020) fue probablemente el filme que más ganas tenía de ver este año 2020, y definitivamente uno de los mejores. El juicio de los 7 de Chicago es tal cual la vendieron, con un gran y espectacular elenco,  una trama brutalmente interesante y una fascinante y maravillosa precisión histórica. Ésta no es una película convencional como podía parecer al principio, sino que se trata de un filme mucho más profundo. En vez de centrarse completamente en las revueltas que se produjeron, nos lleva a profundizar más en el aspecto de la discriminación tanto social como racial.

Centrándonos en la narrativa del filme, tengo que decir que la apertura de 10 minutos es probablemente el inicio con más fuerza y enganche que he visto en mucho tiempo. Te proporciona toda la información necesaria, quiénes son los personajes y las motivaciones que les llevan a protestar en contra de la guerra de Vietnam, todo jugado con unos encuadres y transiciones de cámara y montaje, de escena en escena, fascinantes.

El filme está lleno de una motivación poderosa que permite a la audiencia respaldar la protesta desde el principio, ya que muchos, incluyéndome a mí, estarían de acuerdo con lo que protestan y en desacuerdo con el trato que recibieron debido a ello.

Un filme que ha llegado a la pantalla este 2020 inspirado en unos hechos de 1970 y que después de 50 años nos es muy cercano, con todas las injusticias sociales y raciales que han ocurrido este curioso año 2020.

Emma March

 

“Swallow”, Carlo Mirabella-Davis

Este ha sido un año difícil. Los aficionados al cine hemos tenido que recurrir a las plataformas o literalmente arriesgar nuestras vidas para poder ir al cine ya que, aún con todas las medidas de seguridad, pasar dos horas encerrados con cien extraños es fácilmente la actividad de más riesgo de todas las posibles. Para darme una excusa por no haber visto Mank (David Fincher, 2020) aún, voy a limitar mis opciones a las películas que de hecho vi en el cine antes de empezar el confinamiento. La mayoría fueron estrenos de 2019, pero tuve la gran suerte, que mis compañeros no han tenido, de haber cubierto íntegramente el Festival Americana justo antes del confinamiento.

Gracias a ello, he visto algunas películas que ninguno de ellos habrá podido ver, entre las cuales destaca Swallow. Aunque no fuera mi favorita del festival, es mi favorita no estrenada antes de 2020. La historia de un ama de casa atrapada en su propia vida es magnética. La contención de Haley Bennett como Hunter, la perfección geométrica de la casa-escenario y la articulación de un modo de vida que nos hace dudar de si estamos en 2020 o en 1950 juegan todo a favor de una cinta pulcra e inquietante. La atmósfera que el debutante Carlo Mirabella-Davis y la directora de fotografía Katelin Arizmendi consiguen crear, nos permite acompañar a Hunter en la escalada de sus transgresiones, aunque su impulso nos sea ajeno, y desear que logre finalmente escapar a un mundo cada vez más opresivo. El río, siempre visible desde la casa, se aparece como esa libertad inalcanzable y nos invita a creer que un final feliz o un nuevo comienzo son posibles.

J Cullell Ibáñez

 

“La vampira de Barcelona”,  Lluís Danés

Aunque este año haya consumido mucho material de las plataformas, me quedo con este film porque es el último que he tenido la oportunidad de ver en una sala de cine. Producida por Brutal Media, Filmax y TV3, rodada en Martorell, y en catalán, se trata de otra versión de la leyenda de la vampira del Raval llevada a la gran pantalla.

Reconstruyendo la historia de un caso criminal a principios del siglo XX, Lluís A. Martínez y María Jaén construyen la trama desde el punto de vista de un periodista, Sebastià Comas (Roger Casamajor). Adicto a la morfina por un trauma, recorriendo las calles del Raval e investigando a la sospechosa Enriqueta Martí (Nora Navas), Sebastià no se detendrá hasta conseguir la verdad: ¿quién es (o quiénes son) el responsable de las desapariciones de Teresa Guitart y de los asesinatos de varios niños en Barcelona?

Este thriller, con una puesta en escena un poco efectista, en la que se nota la experiencia innegable de Danés en el teatro, deja un poco de lado el trabajo sobre los conflictos internos de los personajes. En blanco y negro y con algunas secuencias a color saturado, y con la presencia del color rojo en varios elementos, se presenta con una escenografía, un vestuario y una ambientación soberbios. Además, en algunas secuencias la banda sonora toma gran relevancia y es tan narrativa que le roba protagonismo al trabajo de los actores y a la trama misma.

Aparte de la búsqueda y el precio de la verdad, me quedo con una cuestión que me parece sugerente y muy actual en nuestros tiempos, que es el sensacionalismo mediático para esconder a la población la corrupción y los abusos del poder.

Danés desmitifica la leyenda: al final (¡alerta spoiler!), Enriqueta Martí no es más que una víctima (y Sebastià cae en una trampa) de una élite corrupta (la policía, la prensa, la política y la dueña del prostíbulo juntos en una de las secuencias finales) que la trata de monstruo, cuando en realidad, los monstruos y verdaderos culpables son los que están en el poder.

La vampira de Barcelona se llevó el Premio del Público en el Festival de Sitges y no dudo de que se le otorgarán también varios Premios Gaudí.

P.D. Agradezco a F. Balada por invitarme al preestreno.

Jane Claudine

 

“Mank”,  David Fincher

Para situarnos, Mank es un filme ambientado en el año 1940. Año en que Herman J. Mankiewicz (Gary Oldman) estuvo encerrado en un rancho del desierto de California escribiendo el mítico guion de Citizen Kane (Ciudadano Kane, 1941). No obstante,  gracias al recurso de flashbacks, el filme oscila entre ese periodo y los años anteriores, para mostrar  la transformación de la alta vida en los despachos de Hollywood y los regodeos con la élite, hasta el desengaño y la decepción que posteriormente  tuvo  el propio  Herman J. “Mank”, quien se mantuvo siempre fiel a sus principios. Y donde entendemos esa enemistad con el joven  director en su momento: Orson Welles.

La película adopta una estética blanco y negro que nos recuerda  a lo más profundo de los años 30, con toques de comedia y cine noir. Para ello, Fincher cuenta con la ayuda del director de fotografía Erik Messerschmidt, que ya había trabajado con él en la serie televisiva Mindhunter (2017).

Cabe destacar también el espléndido trabajo que hizo Jack Fincher, el padre del director, desarrollando el guion. Mank es un claro homenaje a todos los guionistas que durante años vieron como su autoría se veía pisada por los de arriba.

Si de verdad queréis adentraros en la edad de oro de Hollywood, Mank es perfecta para entender esa maravillosa época. Así mismo, es una clara crítica reflejo de nuestro presente político (que también había criticado en su filme The Social Network (La Red Social, 2010) a causa de los  fake news) y el vacío en las salas de cine que hubo durante la Depresión, como paralelismo con la pandemia que vivimos.

La pieza se postula como uno de los mejores filmes del 2020. De verdad que David Fincher nunca decepciona.

Abel Balaguer

 

“Never Rarely Sometimes Always”,  Eliza Hittman

Me encontré con esta película a raíz de querer incorporar autoras femeninas a mi filmografía de cabecera. Después de visionar Beach Rats (2017) de la misma autora, Eliza Hittman me volvió a conquistar con Never Rarely Sometimes Always (Nunca, casi nunca, a veces, siempre, 2020), donde cuenta el trayecto que realiza Autumn, una chica de 17 años de Pennsylvania, a Nueva York para poder interrumpir su embarazo acompañada por su prima Skylar.

Más allá del tema principal, el aborto, esta película ofrece con sutileza y sin sentimentalismos un marco más amplio en las hostilidades cotidianas a las que las mujeres se enfrentan a diario.  Ya sea en su pueblo natal o en Nueva York, las protagonistas viven una realidad machista y desigual en donde la humillación a la mujer está normalizada. Miradas, y comentarios no solicitados, repulsivos coqueteos, un jefe pervertido, microagresiones.

Hay pocos diálogos y parece que nadie reflexiona demasiado sobre lo que acontece. Tampoco son necesarios para entender el cómo y el por qué. Autumn sonríe muy poco y desconfía mucho. La cámara las sigue y nos sitúa en el espacio como si fuéramos una tercera integrante que las acompaña sin cuestionarlas. Y ante todo, subyace la relación de amistad incondicional entre las dos primas, honesta y solidaria a pesar de los baches que atraviesan y las debilitan en ocasiones.

En conclusión, Nunca, casi nunca, a veces, siempre, es una película que traslada la vulnerabilidad a la que se enfrentan millones de mujeres por la carencia de un digno sistema de leyes reproductivas, pero también, cómo el cuidado y el apoyo no necesita demasiadas palabras, basta tal vez una mano o un cariño para sentir protección y seguridad. En mi opinión, una película muy real y necesaria.

Ainhoa Ezkurra

 

“The devil all the time”,  Antonio Campos

Película basada en la novela homónima de Donald Ray Pollock. Está ambientada después de la II Guerra Mundial en lo más profundo de los EE.UU., donde confluye la religión y las miserias humanas. The devil all the time (El diablo a todas horas, 2020) sigue una historia no lineal, durante veinte años, que entremezcla la vida de varias personas siniestras, dejando un ambiente de violencia, oscuridad y tragedia.

Es un thriller psicológico con tintes de terror donde la sordidez del ser humano adquiere un protagonismo especial. Todo gira entorno a la fe, a la muerte y a la súplica a un Dios ausente. Podríamos decir que es una alegoría de los siete pecados capitales, representados en cada personaje, donde, hasta los más devotos, caen en ellos. Muestra una humanidad decadente que, por mucho que lo intenten, no consiguen redimirse. Esta película plasma esa fina línea que separa el bien y el mal, que, a veces, lleva a las dos fuerzas a coexistir en la misma persona. El diablo a todas horas es un título que define muy bien la película ya que el diablo forma parte intrínseca de los personajes, como Dios también lo es. De la misma manera que hay esperanza y paz, también hay tragedia y, por mucho que nos opongamos a ella o tratemos de evitarla, siempre estará ahí. Anhelan el acercarse al bien y alejarse del mal pero, al ser las dos caras de una misma moneda, no puedes tomar una sin evitar la otra.

Antonio Campos ha querido adentrarse, al igual que Pollock, en la controversia de la religión y en cómo la interpreta cada uno. Sin duda es una película que abre un debate sobre la fe y la esencia del ser humano.

Roberto Carabaza

 

“Soul”,  Pete Docter y Kemp Powers

2020 ha sido un año que no ha dejado a nadie indiferente y, creo que aquí estaremos todos de acuerdo, no para bien. Es por eso que mi sorpresa fue aún mayor cuando al final de este largo año, sin ningún pronóstico favorable más allá de un buen tráiler y un concepto genuinamente interesante, apareció una película que ha conseguido emocionarme, hacerme reír y empatizar. Me refiero a Soul, la última película de Pixar que ha conseguido ganarse mi aprecio pese a los prejuicios a los que la sometí.

Soul parece una respuesta del estudio a su trayectoria en la última década, marcada por un sinfín de secuelas sin necesidad y películas que, en mi opinión, no eran más que victorias a medias. El estudio había caído en un bucle de buenas ideas pobremente ejecutadas que, llegado el momento, te intentaban emocionar sin unas bases previas bien construidas, dando como resultado productos mediocres que desde 2010 no merecían ni el precio de la entrada del cine. Este historial me llevó a pensar que la Pixar de mi infancia, la que te maravillaba con cada nueva obra, estaba muerta y enterrada bajo tantas cintas mediocres.

Es en este contexto en el que me encontraba al iniciar Soul y lo que presencié en la hora y cuarenta minutos siguientes me maravilló lo suficiente para estar aplaudiendo al final del film. El estudio ha conseguido, contra todo pronóstico, entregar una película sincera, pasional y con intención. Soul sabe perfectamente cuándo ser jovial, cruda o sentimental, se gana el adjetivo de inteligente a pulso y consigue no perder de vista nunca su historia y qué quiere contar. ¿Y qué quiere contarnos? El film trata con sumo cuidado y una precisión milimétrica un discurso cambiante entre el sentido de la vida, disfrutar el día a día y no necesitar un motivo para simplemente disfrutar de lo que te llena. Todos los elementos de la obra se alimentan mutuamente para generar un mensaje relevante que llega al espectador como algo fresco y de gran valor. ¿Quién me iba a decir que encontraría tantas virtudes en una película de este estudio estrenada este año?  hace unos meses no me lo creería, pero hoy sé que Soul es real y soy un poco más feliz al pensar en ello. Sigo fascinado por esta obra incluso mientras escribo estas palabras y doy gracias por ello. Sin siquiera esperarlo Pixar ha conseguido dar a este 2020 un precioso cierre musical y emotivo, no hay nada más que añadir, id a ver Soul.

Robert Gómez

 

“Uncut Gems”, Ben y Joshua Safdie

Algo que valoro siempre positivamente en una película es el caos controlado. Desde el primer minuto la película juega a ser varias películas y lo consigue. Es una especie de manifiesto que los directores deciden deliberadamente no puntuar. Las situaciones que vive el protagonista se suceden unas a otras con la naturalidad que el guion necesita para acabar de ser un diamante perfectamente pulido.

La actuación de Adam Sandler es hipnótica. Mantiene el pie en el acelerador durante toda la película y consigue mantener el ritmo que hace de esta película algo verdaderamente especial. La puesta en escena es un ejercicio de exploración que me entusiasmó personalmente porque pude ver en ella algunas cosas de John Cassavettes y algunas otras de directores tan diferentes como Wilder o Scorsese. Otra de las filigranas de dirección que más me llamaron la atención fue la forma de integrar a deportistas profesionales y actores amateurs dentro de una ficción tan bien preparada como Uncut Gems (Diamantes en bruto, 2020) y saca de ellos la realidad que necesita para engañar al público, haciéndonos sentir que estamos viendo un reality show yankee más. Todo esto y muchas más cosas que aún no he podido describir, hacen de esta maravillosa película mi favorita de este 2020.

Alejandro Caicedo

 

“Hogar”,   Álex y David Pastor

Me da rabia que la que consideré como mi película preferida de 2020 sea una que se estrenó en Netflix y no en la gran pantalla. Como enamorado de todo lo clásico que soy (del cine e incluso de los prehistóricos videoclubs en contraposición a los nuevos formatos), parece un acto hipócrita. Pero es la consecuencia de un año surrealista. Un año de pandemia. Netflix fue el mal menor que estuvo tan presente en cada hogar. Y Hogar, la obra maestra que comentaré.

Hogar es la película predilecta para los y las amantes del thriller. Es aquella obra arquitectónica dentro de la cual cada ladrillo tiene sentido. Es aquella obra de teatro que te hace odiar de forma efervescente a algunos personajes y compadecerte de otros. No será, ni de lejos, la película más alternativa de esta lista… pero sí es uno de esos largometrajes frenéticos que te abducen hasta meterte de lleno en su escenario, hacerte partícipe de la narración y, en definitiva, hacerte sudar.

Además de entretener, Hogar enseña a no confiar en nadie por más amigable que parezca. Y a pesar de ser una ficción, es el reflejo de la vida: esa sartén que con suma facilidad da la vuelta a la tortilla para hacerle pasar de la felicidad al dolor y del dolor a la felicidad. Y así sucesivamente.

Las interpretaciones me parecen bestiales. Javier Gutiérrez (que sale también en Campeones (2018) o La isla mínima (2014) es el personaje cabrón de la obra de teatro que puse como ejemplo. Es creíble en todo momento. ¡Y qué decir de Mario Casas! Considero que sigue callando las bocas de quienes llegaron a subestimar su faceta interpretativa, merced quien sabe si su imponente aspecto físico o su prematura presencia en películas más bien comerciales como A tres metros sobre el cielo (2010).

Y me gustaría hacer mención especial a Bruna Cusí. La catalana es la Reina Midas del cine nacional: todo lo que toca lo convierte en oro. Incerta glòria (2013), Estiu 1993 (2017), Hogar… incluso forma parte del elenco de La vampira de Barcelona (2020) -que aún no he podido ver pero, si mi compañera Jane Claudine ha optado por destacarla, por algo será-. Menudo currículum.

Hogar es una de esas películas que el peculiar público del Festival de Sitges no podría parar de aplaudir. Hogar es un chute de adrenalina. Su guion es un tanto rebuscado, pero precisamente eso le hace destacar en un género que ha contado ya tantas historias. Una película extravagante estrenada en un año extravagante. ¡Viva el thriller español!

Gabriel Izcovich Bronstein

4 I like it
0 I don't like it

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *