Crónica del SSIFF 2021

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Eran las 07:45 de la mañana en San Sebastián. El sol aún no había salido y yo ya estaba la primera en una corta cola para coger mi acreditación de prensa para los últimos días del festival. Detrás de la mascarilla estaba yo, sonriendo sin parar, observando el movimiento que empezaba en el Kursaal, el principal auditorio del festival. No sabía exactamente qué tenía que hacer o decir, pero mis nervios empezaban a florecer por ver mi primera película. “El poder del perro” (Jane Campion) empezaba a las 08:00, y mi cabeza no podía parar de preguntarse: ”¿Llegaré?”. Mientras divagaba en mis pensamientos, el hombre que tenía detrás se acercó: ¿Es tu primera vez en el Festival?. Un momento, pensé: ¿Tan obvio es? Empezamos a hablar. Era un crítico de cine que llevaba más de 35 años viniendo al festival. No obstante, esta vez, había decidido que sería la última. Me comentó que ya llevaba muchos años viniendo y que la gestión de esta edición le había decepcionado. Cuando me dijo que no volvería… sentí de alguna forma que me estaba pasando un testigo justo en ese momento.

Mi experiencia en el festival comienza cuando por mi cumpleaños, 1 de septiembre, me iluminé y pensé si sería posible ir a San Sebastián a ver alguna de las películas que llevaba tiempo esperando. Hablé con Pere Alberó, director de la revista y gracias a él y a Rubén Seca pude enviar mi petición al festival para ir como prensa. Tenía los artículos mínimos publicados para poder asistir, así que tuve suerte. Después de comprar la acreditación, hacerme una parrilla de películas y comprar unos billetes de tren ya solo faltaba ponerme en camino. 

Llegué de noche. El ambiente era increíble. De lejos pude ver el Kursaal iluminado y no pude evitar emocionarme. ¡Mi primer festival, y menudo festival! 

Justo en el momento que recibí la acreditación me atrapó el miedo. Sentía que no era suficiente para ir con una acreditación como esa. Tampoco conocía mucho la historia del festival, o las películas que se iban a estrenar. En general, no sabía lo que se supone que tiene que hacer un periodista en un festival, dónde ir o cómo actuar. Iba un poco, como diría mi madre, en bragas. Así que decidí optar por ir como mera espectadora y no estresarme demasiado. Ir tan solo a disfrutar e intentar ver el máximo de películas posible. Y es lo que hice básicamente. Ah sí, y comer. Pero eso es otro tema.

De las primeras cosas que me impactó fue la venta de entradas. Para el público general salían a la venta semanas antes y rápidamente se agotaron. La gente que no cogió entradas tenía la opción de ir el mismo día muy pronto y hacer cola… Así quizás tenías suerte y podías conseguir alguna entrada devuelta. En mi caso, tenía que reservar las entradas por internet un día antes… a las 6 de la mañana. Y aún así, siendo religiosamente puntual, no pude coger entradas para muchas de las películas que me apetecía ver. La verdad que me decepcionó bastante el funcionamiento, pero espero que para los siguientes años faciliten las cosas, sobre todo a la gente que tiene acreditación. 

Fue curioso porque el hecho de llevar en el cuello una tarjeta, me permitía acceder a sitios geniales, como el hotel donde se hospedaban todos los invitados del festival. Uno de los días entré y fui al lavabo. Me hice una foto en el retrete. Seguramente Penélope Cruz ha meado ahí. Era un momento que memorar. Cabe decir que mi atuendo cantaba un poco en ese ambiente. Todo el mundo iba muy elegante y yo… Bueno yo en chándal… pero solo fui un par de veces así que tampoco me siento tan mal por ello.

En general, aunque fui sola a Donosti, nunca estuve sola. Conocí a mucha gente y me encontré con amigos de la escuela: Miquel, Jan, Rubén y Manu! También conocí al famoso twittero @MrSophistication y pude estar con Irene, una amiga de Girona. Aprovecho para darles las gracias a todos por pasar tiempo conmigo, fue maravilloso poder compartir esta experiencia con alguien más. Todos coincidimos en que el ambiente es maravilloso. Hay mucha gente por las calles, los cines están siempre llenos, la comida es estupenda e ir escuchando siempre como la gente habla de cine es otro rollo.

Cabe decir que tuve mucha suerte. Me estrené con mi primera película en el mejor teatro, el Victoria Eugenia. Un sitio sacado de un sueño, un mini palacio en medio de la ciudad. Entré fascinada a las 7:55 de la mañana y me senté en la segunda fila. Fue realmente curioso porque al girarme para ver el ambiente y cómo se iban tiñendo de personas las rojas butacas, pude ver que prácticamente el 90% de la gente estaba leyendo un periódico. Me quedé asombrada y a la vez pensé con desdén: “Menuda gente más pretenciosa, ¿enserio tienen que ponerse a leer todos el periódico ahora?”. Pobre de mi. Al salir después del pase pude ver que en la entrada siempre regalan el diario de cine del festival. (Ridícula).

Aunque no fui muchos días, pronto cogí una velocidad de crucero de 4 películas por día. Pude ver maravillas cómo: “Petit Maman”(Céline Sciamma), “È stata la mano di dio”(Paolo  Sorrentino) o “The French Dispatch”(Wes Anderson). Realmente pueden parecer muchas películas, pero a la que entras en ese entorno las horas pasan volando: te levantas pronto, película, comes, película, andas, película, duermes, y otra vez igual. Es verdad que ahora que estoy en casa y  me cuesta ver una película a la semana no entiendo como fui posible de ver tantas pelis al día. Envidio la Fanny del pasado. 

No todas las películas me gustaron pero todas las experiencias fueron buenas. Estuve muy cerca de la pantalla, estuve muchas veces lejos, lloré,  reí… No puedo esperar para repetirlo todo otra vez. 

Durante el festival pude hablar con algunos asistentes regulares del evento. Mucha gente viajaba de distintos lugares de España solo para disfrutar de unos días viendo películas y muchos de ellos coincidían en que este año había sido el más caótico. Es cierto que el COVID ha afectado a la gestión de todo tipo de acontecimientos culturales pero aún así todos estaban de acuerdo en que las cosas se podrían haber hecho mejor…sobre todo por lo que hace a la venta de entradas. 

En el festival hay muchas secciones, y es de las cosas que más me impactó. Además todas tienen nombres muy distintos y sinceramente yo me hacía un lío. Al coger las entradas iba siempre a lo último que quedaba porque nunca estaba segura de lo que iba a merecer la pena. Al final nada me decepcionó…(sólo “La abuela”(Paco Plaza), pero era de esperar… No me gusta el terror.)

Una de las cosas que más me gustó fue disfrutar de las estrenas. Las calles se llenan de gente esperando ver alguna cara conocida. Se puede escuchar cada 2 metros: “¿Pero ese quién es?, ¿No te suena esa?”. Es casi imposible llegar hasta las vallas y disfrutar de la alfombra roja. Por las mañanas paseaba por ahí e imaginaba cómo sería pisar esa alfombra algún día acompañada de un equipo y presentando una película… un sueño. Por cierto, acaricié la alfombrita y es más suave de lo que imaginaba. 

Hay muchos cines que acogen el festival y afortunadamente están todos bastante cerca. El paseo de un cine a otro era de las cosas que más me gustaba hacer. Me lo pude montar bien y casi nunca tuve que correr. Sólo de noche para volver sana y salva al albergue. 

Al sentarme en la butaca una emoción me recorría siempre la piel. Empieza el vídeo de presentación del festival, un anuncio de coches y un corto vídeo de medidas de seguridad del covid. Todo acompañado por una música que la gente acompaña con palmadas. 

Los aplausos volvían siempre después de los créditos de todas las películas. O casi todas, porque fue una decepción al ver como una de mis películas favoritas del festival no recibía el calor que yo quería darle. El público mañanero no aplaudió la película “Red Rocket” de Sean Baker. Pero bueno…

No puedo parar de dar las gracias por esta experiencia. Me siento super agradecida por haber disfrutado de unos días empapándome de cine en uno de los sitios más bonitos de España. Con ganas de poder vivir esto de nuevo y de poder asistir a otros festivales. Recomiendo a todas las personas que estéis leyendo esto que aprovechéis la ocasión si se os presenta para ir a un festival de cine. Y si la ocasión no aparece, buscadla. ¡Es algo mágico!

 

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